martes, 21 de junio de 2016

LA PUERTA DE LA LUZ, EL SOLSTICIO DE VERANO 2014, HISTORIA

El término solsticio proviene del latín, solstitium, y se refiere a la época del año en que el sol, en su trayectoria aparente, se halla sobre uno de los dos trópicos, dando lugar a la máxima desigualdad entre el día y la noche. La inclinación de la Tierra en el hemisferio Norte está más cerca del Sol y en el Hemisferio Sur esta se encuentra más alejada del sol, (Solsticio de invierno). Por lo tanto mientras unos celebramos el verano, otros entran en la estación invernal. Es una subida del Sol y su declive en los 2 hemisferios.


La celebración de los solsticios en occidente data de 5000 años antes de Cristo. Los antiguos griegos definían este acontecimiento como un paso hacia otra dimensión, el sol como reflejo de la conciencia luce con fuerza en el exterior, es verano, para después lucir en el interior, es el invierno. El espíritu  se expande o recoge abriendo puertas virtuales, la “Puerta de los Hombres” para el solsticio de Verano; la “Puerta de los dioses” para el solsticio de Invierno. Así, de una manera y de otra, mortales e inmortales se cruzaban en estos portales que representan el acceso a dimensiones terrenales y espirituales.


Estas creencias mitológicas expresan la necesidad de la permanente conexión entre lo de “arriba” y lo de “abajo”. El ser humano puede entrar en la luz, el ser divino penetra en la materia cruzando puertas del inconsciente.


Muchas culturas siguen celebrando la fiesta del Sol porque representa un principio de vida,  la continuidad de la existencia y el primer logo o divinidad con la que la humanidad se identificó. Dicen que los espíritus más puros, los guías de luz logran también acceder a nuestra dimensión durante el festejo del solsticio para comunicarse con nosotros. 


Tal y como la Astrología nos revela, la entrada de los planetas en un signo supone el despertar de esa fuerza zodiacal. Para los nativos de Cáncer, es un acontecimiento que se une a la celebración de la fiesta de San Juan el 24 de junio, adaptación del culto pagano a las enseñanzas cristianas, conmemorando el nacimiento de Juan Bautista precursor de Jesús y que trata de basar la fe, no en el rito pagano sino en un referente espiritual. Pero en realidad no hay nada más espiritual y trascendente que el Sol, que en Astrología Cabalística asociamos a Tiphereth, porque festejar el Sol es darle poder, relevancia, es acordarnos de nuestro Sol Interior.


Son numerosas las personas que en todo el planeta festejan esas Puertas Dimensionales conrituales iniciáticos desde el 21 al 24 de junio, y se abren para que demos el salto de una realidad a otra después de quemar sus viejas naves, sus tendencias caducas y renovarse, tal y como lo hace la naturaleza.


Suele pensarse muy poco en el sentido mágico de la fuerzas de la naturaleza, lo que hacen por nosotros los 4 elementos que dan vida a toda esa vida que disfrutamos. Los chamanes, los fitoterapeutas, los que se sienten muy unidos a la naturaleza saben que durante estos periodos la recolección de plantas es muy intensa y se ha comprobado que el poder curativo de la vegetación aumenta durante los días del solsticio. Suele ser común la recogida de hipérico o hierba de San Juan, la Manzanilla o Abrótano hembra, la Artemisa, la Milenrama, el Saúco, el Gordolobo, la Pulsatilla alpina, la Onagra y la Perpetua, el Espliego, el Romero, el Tomillo, entre otras muchas. Se dejan secar al sol y se almacenan al atardecer y sus propiedades medicinales aumentan gracias a la especial energía solar, cuando se trata del Solsticio de verano. Hay otras plantas de invierno que adornan nuestros hogares, que nos sirven de protección y que se recogen en el Solsticio de invierno. El rocío de la mañana durante estos días también suele ser más energético, es como una exhalación llamadaFlos-coeli (flor Celeste), o también Flor del Agua, que se forma al amanecer.


Este es un momento de purificación, prosperidad, abundancia y fecundidad, porque el Sol en Cáncer modifica nuestra matriz interior, nos prepara para recibir, para vivir con intensidad el contacto con nuestro ser íntimo y nos sugiere el deseo de elevarnos. Algunas tradiciones antiguas cuentan que al amanecer del primer día de verano las mujeres de los pueblos solían ir a recoger agua de fuentes y manantiales para impregnarse de la Flor celeste o Flor del Agua. Se bebían este néctar y se rociaban con la firme convicción de que esta purificación les llevaría a realizar sus deseos de encontrar al ser amado o de concebir.


La tradición sigue muy viva en la naturaleza del hombre que busca a menudo volver al origen, a esa pureza primigenia y mediante diferentes rituales como las hogueras purificadoras, los saludos al Sol, los rituales de un bautismo; entrar en el río, bañarse en el mar, quemar viejos enseres e intenciones escritas en un papel, y encomendarse a los elementales del Fuego, las Salamandras; a los elementales del Agua, las Ondinas; a los elementales del Aire, las Sílfides y elfos; a los elementales de la Tierra, los gnomos y celebrar con ellos la vida con cantos y ofrendas.


Todo es útil y provechoso mientras se haga con la conciencia puesta en que cada ritual que seguimos no es más que la escenificación de una conexión con esos mundos tan desconocidos y reales a los que no solemos prestar demasiada atención. Si necesitamos las fiestas simbólicas del año para acordarnos de que interactuamos con la naturaleza de las cosas, ¡bienvenidas y bien celebradas sean!


Los solsticios están cargados de un aliento mágico. Es también la fiesta de los Zodiacales. Despiertan en cada signo astrológico una energía especial. Además de aprovechar el Fuego purificador que entra en Cáncer para quemar y deshacernos de las actitudes que limitan nuestra personalidad, podemos  vivirlo de forma introspectiva y reveladora. Conectando con estas Puertas estamos dando vida a la Creación.

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